Además de los cinco pilares, la práctica del islam comprende una serie de usos y prescripciones tradicionales que afectan a la vida individual y colectiva del musulmán.
Los cinco pilares sobre los que descansa el islam son: la confesión de fe (shahâda), la plegaria ritual (salât), el ayuno del mes de Ramadán (sawm), la limosna canónica (zakât) y la peregrinación a La Meca (haŷŷ).
Sin embargo, la práctica del islam comprende una serie de prescripciones y usos tradicionales que afectan a la vida individual y colectiva del musulmán. Entre ellas se encuentran la abstención de consumo de cerdo, bebidas alcohólicas o substancias estupefacientes. También está prohibida la carne de animales que no hayan sido sacrificados según el rito prescrito por el islam, así como la sangre de cualquier animal, excepto la que permanece en la carne del animal sacrificado. El musulmán debe consagrar el sacrificio del animal pronunciando la fórmula sagrada: Bismi-Llâh. Allâhu akbar (“En el nombre de Dios. Dios es mayor”). Seguidamente, cortará la garganta del animal con un cuchillo afilado, evitando en lo posible causarle sufrimiento al animal.
El alimento lícito desde el punto de vista religioso se denomina halâl (“permitido”), y el prohibido, harâm. En cualquier caso, si no se encuentra carne sacrificada conforme al rito islámico, está permitido consumir carne sacrificada por judíos y cristianos, excepto la de cerdo. En casos de extrema necesidad y a falta de otra alternativa, está permitido incluso consumir bebidas y alimentos prohibidos, siguiendo el principio legal que reza: “La necesidad convierte lo prohibido en permitido” (al-darûrât tubîhu al-mahzûrât).
Está prohibida la usura (ribâ), dentro de la cual se incluye el préstamo con cualquier tipo de interés. Hoy en día, la prohibición de la usura y del interés no se observa en su forma original en casi ningún lugar del mundo islámico, a pesar de la existencia de una llamada “banca islámica” que, para permanecer dentro de la letra de la ley revelada y “tranquilizar las conciencias”, ha ideado una serie de eufemismos y subterfugios para prestar con interés, sin contravenir aparentemente la legislación sagrada, que lo prohíbe de forma taxativa. (V. Apéndice)
También están prohibidos los juegos de azar, manifiestamente contrarios al sentido de responsabilidad que el islam trata siempre de inculcar al creyente. Su prohibición apunta a su uso entre los árabes preislámicos, que teniendo que tomar decisiones importantes, consultaban la suerte por medio del lanzamiento de flechas. Este rechazo se aplicó después a todas las formas de juegos de azar, basados en la especulación y en la suerte.
