El islam cree en un solo Dios, creador, todopoderoso, omnisciente, poseedor de todas las cualidades que expresan de forma sintética los 99 nombres que recibe en el Corán.
La shahâda ocupa una posición central en relación a los otros cuatro pilares. Desde el punto de vista ritual, es la afirmación o testimonio de que “no hay más divinidad que Dios”, y de que “Muhammad es el enviado de Dios” (lâ ilâha illâ-Llâh, Muhammadun rasûlu-Llâh). El hecho de pronunciarla formalmente ante un mínimo de dos testigos determina definitiva e irrevocablemente la condición de musulmán y la pertenencia a la umma o comunidad de creyentes.
En la práctica de la religión, la shahâda no implica un rito determinado, pero vertebra toda la vida del musulmán como un recuerdo constante de la unidad y del poder absoluto de Dios. Se le susurra al oído al recién nacido, es la fórmula que debe pronunciar el agonizante antes exhalar su último aliento y forma parte de la llamada a la plegaria ritual que proclaman los almuédanos desde los minaretes de las mezquitas cinco veces al día:
- Allâhu akbar (“Dios es más grande”) [dos o cuatro veces].
- Ashhadu an lâ ilâha illâ-Llâh (“Doy testimonio de que no hay más divinidad que Dios”) [dos veces].
- Ashhadu anna Muhammadan rasûlu-Llâh (“Doy testimonio de que Muhammad es el enviado de Dios”) [dos veces].
- Hayya ‘alâ-l-salât (“Acudid a la plegaria ritual”) [dos veces].
- Hayya ‘alâ-l-falâh (“Acudid a la felicidad”) [dos veces].
- Allâhu akbar (“Dios es mayor”) [dos veces].
- Lâ ilâha illâ-Llâh (“No hay más divinidad que Dios”) [una vez].
Además de creer en aquello que proclaman las dos partes de la shahâda, el musulmán, independientemente de la rama del islam a la que pertenezca, cree también en una serie de “artículos de fe” (imân) o “creencias necesarias”: Cree en los ángeles, en los profetas por medio de los cuales Dios ha hecho descender el mensaje eterno de la Verdad divina desde el comienzo de la humanidad, y en las escrituras reveladas. Los musulmanes creen en una cadena de profetas que se inicia con Adán e incluye a Noé, Abraham, Isaac, Ismael, Jacob, José, Job, Moisés, Aarón, David, Salomón, Elías, Jonás, Juan el Bautista y Jesús. La lista se cierra con Muhammad, quien para los musulmanes es el portador de la última revelación de Dios a los hombres, “sello de la profecía”, confirmación y síntesis de todas las revelaciones anteriores. El Corán afirma en numerosas ocasiones que la revelación que contiene no es un mensaje nuevo, sino la “confirmación de las revelaciones anteriores” (Cor. 12, 111). De hecho, el Corán expone la noción –sin precedentes en la historia de las religiones de la humanidad– de que todos los textos revelados derivan de un único prototipo celestial, al que da el nombre de umm al-kitâb, es decir, “la Madre de las escrituras” (Cor. 13, 9).
Cree en el Día del Juicio y en la justa retribución por las acciones cometidas en esta vida. Los justos irán al Paraíso (ŷanna, firdaws), donde su recompensa no tendrá límites, y los malvados irán al Infierno (ŷahannam, nârdonde padecerán hasta que la misericordia de Dios los saque de allí. La opinión más frecuente entre los teólogos musulmanes es que, tras un período de purificación, todos los pecados serán perdonados excepto la incredulidad de aquellos que se niegan a reconocer la unidad divina, o asocian a Dios un poder distinto a Él (shirk). Los musulmanes, como los cristianos, creen en la resurrección del cuerpo, y no solo en la inmortalidad del alma.
Cree en la absoluta autoridad de Dios sobre el destino del hombre (qadar), tanto en esta existencia como en la siguiente. Aunque se puede decir que la teología islámica contempla el libre albedrío para el ser humano, este concepto está, en esta tradición espiritual, muy “matizado” por la idea fundamental de omnipotencia divina. “Os hemos creado a vosotros y a vuestros actos”, dice Dios en el Corán.
