El Templo de todas las Religiones es un complejo arquitectónico ubicado en Kazán, Rusia, que recoge la historia del pequeño Ildar.

El pequeño Ildar Khanov tenía 3 años cuando se despertó en su entierro. Lo habían dado por muerto, durante el resto de su vida aseguró haber visto a Dios cuando estaba en trance y por eso, explicaba, entregó su vida a la filantropía.

En la última etapa de su vida fue un afamado curandero que atendía a más de 300 pacientes al día, pero se había formado en Bellas Artes y vivió su época dorada siendo miembro de la Unión de Artistas de la URSS.

En una visita a la India, donde buscaba acercarse a la medicina oriental y al budismo, recibió la propuesta de alzar un templo ecuménico, un edificio que reuniese a los fieles de todas las religiones.

Una idea impracticable en una Rusia que castigaba cualquier acercamiento a la espiritualidad.

En 1994, gracias a la coyuntura política, logró emprender su proyecto. Comenzó a construir el edificio con sus propias manos y con la ayuda de quince albañiles.

En el Templo de Todas las Religiones no se reza a ningún Dios. «La idea no es fundir en un centro a todos los cultos, que tienen una historia y una necesidad cultural propia, mi objetivo es reunir a sus fieles, crear un lugar donde las personas puedan comunicarse», explicó el artista al diario francés Le Figaro.

«No es un lugar de adoración sino de cultura», advirtió. Khanov quería crear un monumento a la paz.

Su templo sería una escuela de arte para niños, un orfanato, un centro de desintoxicación y un museo de arte pictórico.

Los cientos de metros cuadrados de colosales utopías coloristas atraen a muchos turistas a lo largo del año.

Los visitantes se acercan a la construcción llamados tanto por su historia como por el estallido surrealista de los diferentes signos de sus cúpulas: desde fuera se aprecian la arquitectura de una mezquita atada a una sinagoga que se funde con una iglesia ortodoxa.