Uno de los principios más importantes del islam es que Dios es el dueño absoluto de todas las cosas, y que por tanto la riqueza es únicamente un préstamo.

El término zakât (que pasó al castellano como “azaque”) significa a la vez “purificación” y “crecimiento”. Las posesiones materiales quedan purificadas apartando una cantidad estipulada para los necesitados. Así, al igual que sucede con la poda de las plantas, este “corte” de las propiedades materiales produce un nuevo crecimiento. Cada musulmán calcula su zakât de forma individual.

Para la mayor parte de las propiedades, las escuelas jurídico-religiosas tradicionales han determinado que la cantidad a pagar es un 2.5 % del capital acumulado durante el año. Se paga una vez al año. Otra limosna obligatoria, de mucha menor cuantía, es la zakât al-fitr o “limosna del final del ayuno”, que se da en mano a los necesitados antes del final del mes de Ramadán. Además de estas limosnas de carácter ritual, el islam insiste en la necesidad de que el musulmán dé limosna (sadaqa) en secreto, debido al inmenso beneficio espiritual que ello comporta.

La Zakat al-Fitr

La zakat sirve para fortalecer los vínculos de hermandad entre la comunidad musulmana (umma). Observando la  Zakat al Fitr nos purificamos y eliminamos vanidad y diferencias de nuestra comunidad.  El pago de la Zakat deriva de la Sharia o legislación del Profeta (sas). La Zakat se donaba en especia, una cantidad de un saa (medida de cuatro manos llenas) de grano, pasas o dátiles, por cada hombre o mujer, niño o niña.

Quien entrega la Zakat, celebra el éxito de su ayuno y de los actos de adoración realizados durante Ramadán. A la vez, los más necesitados reciben ese Azaque para que no sufran necesidad durante el día final de Ramadán, y puedan celebrarlo igual que el resto de musulmanes.